viernes, 2 de noviembre de 2012

NO QUIERO VIVIR TAN DE PRISA



NO QUIERO VIVIR TAN DE PRISA


No puedo crearme ni vivir un mundo de fantasías, ni vivir como un iluso.  Es necesario abrir los ojos y vivir la realidad.  No puedo abrazarme de un pasado que ya no existe.  No puedo rendirle culto al sufrimiento, a los errores y horrores del pasado.  No quiero ni debo levantar algo que ya murió y creo conveniente que los muertos entierren a sus muertos, pues es importante abandonar el dolor, la angustia, el odio y el rencor de un ayer que sepultado para siempre quedó.

De nada me sirve rememorar la gloria y las victorias alcanzadas en las muchas batallas libradas a lo largo de mi existencia, pues el éxito o el fracaso considero que como llegan se van.

Que importa si el pasado fue mejor o peor que el presente, nada puedo hacer en el ayer que ya murió, más tengo un cuantioso tesoro llamado Hoy que me invita a vivirlo con intensidad, a vivirlo en armonía con Dios y los hombres tratando de hacer lo mejor en cada paso que la aventura por vivir me invita a vivirla.

Ya no quiero vivir tan de prisa, quiero saborear cada paso, cada acontecimiento, cada sonrisa y cada lágrima.  Quiero escuchar y bailar detenidamente toda la música de la canción de la vida, saboreando cada nota al son de su ritmo.

No quiero abandonar la sala de cine sin haber mirado toda la película, no quiero correr ni apresurar mis pasos hacia una muerte prematura, pues creo que es esencial mejorar la calidad de vida y en la vida quiero pensar antes que pensar en una muerte segura.  No quiero salir a buscar la felicidad en una carrera fuera de las fronteras de mi existencia, no quiero ir tras la fortuna incierta abandonando el tesoro tan grande de una felicidad innata que me rodea.

No me asusta ni me apresuro por el futuro pues mi mayor tesoro es el presente, “la enseñanza sabia del Creador dice que a cada día le basta su propio afán” y esto no significa conformismo, mediocridad ni falta de ambición, sino vivir feliz en el escenario real y como protagonista del mismo ubicarme en el lugar preciso en donde debo batallar la vida seguro de que no es importante en donde se nace ni donde se muerte sino en donde se vive y en donde se lucha.

No tengo prisa por vivir, quiero saborear el banquete de mi existencia y digerirlo correctamente para mantener alegre el corazón, pues quiero deleitarme con la sonrisa aún en medio del sufrimiento y del dolor.  Quiero apreciar con optimismo tanto un día soleado como un día de lluvia, consciente de que esa es la realidad y la debo aceptar pues el destino o las condiciones climáticas no las puedo cambiar pero si afrontarlas y vivirlas con coraje y valor, más si mis ojos avizoran en el horizonte el colorido arco iris traerá paz a mi alma y siempre me recordará que luego de la tormenta y de la tempestad la calma llega.

Ya no quiero vivir tan de prisa, quiero disfrutar de cada paso que de al recorrer el camino que me lleva a la cima de la montaña de mi existencia y cuando llegue a coronarla tomar conciencia de que llegué y es preciso volver a comenzar.

Ya no quiero vivir tan de prisa, quiero sentir la dulzura de mi existencia, no quiero enfrascarme con la lágrima del adiós sino con la alegría y la esperanza del retorno, pues estoy seguro que en el presente están la alegría y la tristeza, la dicha y el dolor y así como en el jardín las rosas tienen espinas y en el desierto los cardos tienen flores, lo más gratificante es deleitarse de cada paso que doy en la ruta que me depara el destino como al aventurero que disfruta del sol y de la lluvia, del frío y del calor, de la noche y del día, del hambre y de la saciedad; y sus pasos lo conducen por el sendero del destino con la voluntad férrea de seguir adelante en su empresa viviendo la realidad y acoplándose a la dicha o a los sinsabores que en su camino encuentra; pues el río muchos obstáculos encuentra en su recorrido y sigue siempre adelante hasta abordar su destino final.

Ya no quiero vivir tan de prisa, ni rendirle culto al pasado, quiero vivir y disfrutar cada paso del safari que me he propuesto y seguir adelante con optimismo, con la fe, con la esperanza y la confianza del arquitecto de mi vida: Dios Padre de bondad y de inmenso amor y que El sea quien guíe mi camino.